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​Protagonistas de Santa y Andrés: cómodos en el anonimato.
Dirección de documentales
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Crítica especializada
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Investigación
​Protagonistas de Santa y Andrés: cómodos en el anonimato.

Eduardo Martínez y Lola Amores interpretan los papeles principales en el largometraje de ficción más premiado del audiovisual cubano reciente. Sin embargo, pese al éxito internacional de Santa y Andrés (2016) –primera cinta en la que comparten escenas– no ha sido exhibida en ningún cine o en la televisión pública de la Isla.

El filme supo mal a los paladares del Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, y quizás un poco más arriba. Narra el acercamiento afectivo entre Santa, una campesina de treinta años, y el escritor homosexual a quien debe vigilar porque lo acusan de contrarrevolucionario y subversivo. Historias así son tabúes en la esfera pública cubana.

Para ambos actores, la censura aplicada contra la película del joven director y guionista Carlos Lechuga es una ironía coherente con la discreta carrera que ellos habían escogido sostener.

Desde hace 17 años sus caminos están fundidos como dos piezas de plomo. Se graduaron de actuación en el Instituto Superior de Arte. Durante más de una década compartieron escenario en El Ciervo Encantado, grupo de teatro experimental y polémico. Allí se enamoraron.

Cuando más sólidas parecían sus carreras en El Ciervo… lo abandonaron para fundar en 2012 La Isla Secreta, proyecto escénico ubicado en una pequeña casa de vecino en Centro Habana (solo admite una quincena de personas), y donde los dos son actores, directores, maquillistas, vestuaristas...

Nunca les había interesado trabajar en el cine o la televisión cubana, antes de la obra que los tiene visitando importantes festivales del mundo y hasta caminando por alfombras rojas, vestidos de gala.

“Preferimos el teatro, es un fenómeno más inmediato. El cine es muy frío, no puedes sentir al público mientras actúas”, dice Eduardo. Es un tipo tranquilo y conversador que da la impresión de meditar mucho, sobre diversos asuntos.

Si bien parecía que él tenía pegado a la espalda el papel de Andrés, para interpretar a Santa se presentaron varias muchachas al casting. Sin embargo, la química de Eduardo con ella fue evidente durante las pruebas; demasiado tiempo viendo actuar el uno al otro, corrigiéndose y ayudándose a
repasar libretos.

Luego vinieron meses de investigación, de acumular conocimientos sobre experiencias similares a las narradas, que echaron fuera en apenas 28 días de rodaje en un agosto abrasador.

Para construirse como Andrés, él se sumergió en poemas de Delfín Prats, en novelas de Severo Sarduy y Guillermo Cabrera Infante, en textos de Reinaldo Arenas, Guillermo Rosales y René Ariza, todos escritores de tensa relación con el poder revolucionario y poco conocidos para la mayoría de sus conciudadanos. Ella viajó a su familia, entrevistó a sus mujeres para entender cómo es una campesina de zonas pobres y machistas.

Eduardo disfruta esos extenuantes procesos: “El creador se lleva más de lo que el público ve. Lola y yo tuvimos la suerte de coincidir en este punto de crecimiento. Ambos nos alimentamos de los pequeños y grandes descubrimientos que hicimos a través de nuestros personajes, además de todos los premios recibidos”.

De la filmación recuerdan lo difícil que fue representar el acto de repudio, cuando Santa es obligada participar en la agresión de quienes se creen revolucionarios, y acaban con la dignidad de Andrés. Son escenas con visos de realidad en el recuerdo
de muchos cubanos.

Como pareja teníamos la preocupación de que al otro le saliera bien, dice Lola y Eduardo recuerda que muchas veces, cuando ella estaba en cámara sola, él sufría con cualquier dificultad que se le presentara en la escena.

Ambos se consideran “dos látigos”, cada uno muy riguroso y crítico con el trabajo del otro, aunque respetan sus individualidades: “Si no hubiésemos durado apenas dos semanas juntos, porque los dos somos muy fuertes”, dice riendo Eduardo. A él le gusta ver a Lola en Santa, cómo va tejiendo su personaje.

La película es un ejemplo del tipo de proyectos en los que eligen participar. Creen que interpretaron un guion inteligente y arriesgado, el de un filme que abrirá la puerta a otros.

Para Eduardo, el cine cubano realizado por los jóvenes tiene muy buen porvenir, confía en ellos. Le gusta trabajar con los cineastas desconocidos: “Te insuflan una energía, un vulnerabilidad que se va perdiendo con la práctica. Nosotros tratamos de sacudirnos y mantener la inocencia. Por eso nos gusta arriesgarnos con los directores jóvenes. En esas ventanas de posibilidades se dan experiencias muy
interesantes”.

Con la prohibición de la película en los circuitos oficiales de la Isla, Lola se ha convencido de que sus caminos no los conducirán a grandes públicos. Aunque ha sido muy aplaudida en certámenes como el de San Sebastián, le hubiera gustado que los espectadores cubanos tuvieran la primicia. No obstante, gracias a la piratería y el consumo audiovisual informal, ya algunos la han visto y se le acercan a dar sus impresiones “a lo cortico”.

- Tiempo al tiempo. Ya se verá en el cine Yara- apostilla Eduardo, quien considera lo sucedido coherente con sus métodos teatrales.

Hacen el teatro en casa, y su cine solo se ve en algunos hogares. “Uno siempre agradece que valoren y respeten tu trabajo, pero realmente estamos cómodos en el anonimato, nos gusta más por nuestro carácter”, afirma.

Esto no indica complacencia con la censura, la sufrieron. Sin embargo, Eduardo cree que “Santa y Andrés abrió un debate –lamentablemente no es nacional– pero evidenció nuevas formas de ver la Historia y la memoria. Es un canto a la unidad y el diálogo, como lo fue Fresa y Chocolate”.

Según Lola, el cubano tiene que buscar en sus esencias, y tocar esos hilos de aceptación y amor que se evidencian, por ejemplo, en la poesía de José Martí, Fina García-Marruz y Dulce María Loynaz.

“Pero hay que tener voluntad para eso, porque las penurias pueden hacernos retroceder y volvernos miserables”, dice.

No obstante, Eduardo cree que hay esperanza para un futuro mejor: “Muchos intelectuales y ciudadanos apostamos por eso. Hay que proponerse un mejor país, no a nivel utópico-colectivo, sino como una utopía personal. Si no eres capaz de cambiar tú no puedes exigirlo a nadie. Depende de ti hacer y llegar a determinadas victorias en el plano de la tolerancia y el diálogo”.

Una versión abreviada de esta entrevista se publicó en el sitio de El Toque: https://eltoque.com/texto/protagonistas-de-santa-y...


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